Por CARLOS RIVERO
El Sammy no mereció perder.
Decía Mao Tse Tung que no todo lo que está escrito es verdad y me atrevo a aumentar que no todo lo que se dice a través de un micrófono es cierto y muchas de las ocasiones confunden.
El pasado sábado en Los Cabos, Baja California, un lugar primoroso, tuvo lugar una función de boxeo en la que nuevamente quedó al descubierto los «malos hábitos» del pugilismo.
Para empezar, la pelea de campeonato del mundo en peso paja, entre el campeón de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) Raúl Rayito García y Samuel Sammy Gutiérrez fue hecha al vapor. En las clasificaciones del mes de julio, Gutiérrez no aparecía entre los primeros 15 clasificados, sin embargo, una negociación entre el manager del retador, Carlos Francisco Rosales, hijo de uno de los tres grandes mentores del boxeo mexicano (Francisco Pancho Rosales) y el concertador de la empresa promotora llevo a la clasificación milagrosa del Sammy para el mes de agosto y apareció como décimo quinto, según la página de la FIB.
Nuevamente se comprobó que casi todos los organismos de carácter mundial están sujetos a las ambiciones de los promotores y de las empresa televisoras que en México han vuelto sus ojos a la transmisión de combates que generan mucho raiting, al menos 5 millones de teleespectadores cada sábado, lo cual es un gran mercado para los anunciantes. Porque luego del fútbol, el deporte más visto en nuestro país es el pugilismo.
Si bien estos dos boxeadores ya se habían enfrentado dos veces, la tercera dejó más dudas, sobre todo porque al Rayito le afectó no dar el peso y batalló con la báscula para no dejar el título en la mesa. Eso se reflejó en la pelea. Un Raúl García lento, sin reflejos, sin saber caminar en el ring y cuando lo intentaba por su guardia zurda pisaba o lo pisaban constantemente y se le veía francamente muy torpe.
Por su parte, el Sammy Gutiérrez lleva un corazón de león y hambre de ser campeón del mundo. No le importó recibir los pocos golpes efectivos del monarca. Fue el que propuso durante los 12 asaltos la pelea, el ritmo y al final el que conectó los mejores impactos.
No se puede indicar que hubo una superioridad absoluta del retador, pero tampoco que el campeón hizo lo necesario para llevarse, en un principio el empate decretado por los jueces y luego la rectificación de una decisión dividida, otro grave error.
Al terminó de la contienda, los comentaristas de televisión decían que lo justo era el empate y hasta en la tarjeta de Eduardo Lamazón, un analista del boxeo gracias a su paso como secretario ejecutivo del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), afirmaba nada para nadie, cuando durante casi todo el combate dijeron que el campeón se veía mal, que no sabía caminar, que no tenía un plan de pelea. Incluso, el propio Julio César Chávez atrevía con acierto a decir que la estrategia del campeón era combatir en contragolpe y cuando lo lograba el ex triple monarca del mundo lo exclamaba con frases afirmativas.
El fallo no fue el correcto, el Sammy mereció ganar por un par de puntos, pero los jueces vieron un combate muy diferente.














