BoxRec: el monopolio que traicionó a quienes lo crearon y hoy asfixia al boxeo

Por ISAAC GUERRA
BoxRec no es una simple página de rankings. Es el poder real que hoy decide quién pelea y quién no en el boxeo profesional a nivel mundial.
Lo más grave es el origen de ese poder. El señor **José Sulaimán Chagnón (QEPD)**, entonces presidente del Consejo Mundial de Boxeo, apoyó decididamente la creación de BoxRec y les facilitó todos los registros ordenados que la organización llevaba con rigor durante décadas. Esa colaboración fue fundamental para que el sitio naciera y creciera. Hoy, BoxRec les dio la espalda por completo y parece haber olvidado esa generosa ayuda.
La ruptura se profundizó cuando la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) abrió las puertas de una de sus Convenciones a **Fightfax.com**. Ese gesto terminó costándole a BoxRec el apoyo de dos de las potencias más importantes del boxeo: el CMB y la AMB. Solo la Organización Mundial de Boxeo (OMB) y la Federación Internacional de Boxeo (FIB) siguen subordinadas a sus criterios, principalmente por el contrato que mantiene la Association of Boxing Commissions (ABC) de Estados Unidos, que regula el boxeo en territorio estadounidense y en Puerto Rico.
El resultado es absurdo: organismos que se dicen “mundiales” terminan dependiendo de una página privada porque una comisión estadounidense así lo decidió.
Pero el problema no termina ahí. BoxRec trata a los boxeadores —la verdadera materia prima del deporte— con total desprecio. Cuando les cargan peleas que nunca disputaron, simplemente los remiten a las comisiones y cierran la comunicación. No hay forma de cuestionarlos ni de corregir los errores, aunque se les envíen evidencias claras. Son un muro.
Peor aún: exigen videos y pruebas de las peleas, ignorando que muchas de ellas están protegidas por derechos de exclusividad y no pueden ser entregadas libremente. Así, el boxeador queda atrapado entre una base de datos que lo marca injustamente y unas exigencias que no puede cumplir.
BoxRec no es un organismo regulador. No es un gobierno. No es una federación. Es una empresa privada que, gracias al apoyo inicial de quienes hoy desprecia, se convirtió en el filtro obligatorio del boxeo global. Y mientras las comisiones y las organizaciones sigan tratándola como autoridad oficial, los boxeadores seguirán pagando el precio de un monopolio que nadie eligió y que nadie controla.









