Alejandra Rojas y las BBG regresan sin censura

Alejandra Rojas no juega a provocar: provoca porque puede. Actriz, modelo y conductora de nacionalidad mexicana, nacida en La Habana, Cuba, su nombre —también conocido como Psylove— se mueve en una línea peligrosa donde la sensualidad, el poder y la decisión personal se cruzan sin pedir disculpas.
Su base sigue siendo la conducción, un espacio que domina con control, presencia y una narrativa que seduce desde la mirada y la voz. Pero Alejandra nunca ha sido de un solo territorio. Su carrera ha evolucionado hacia zonas más crudas y honestas del entretenimiento, explorando formatos donde el cuerpo, el deseo y la identidad dejan de ser tabú.
De signo Géminis, abraza la dualidad: lo elegante y lo salvaje, lo público y lo íntimo. Su universo se alimenta del techno y el psytrance, del reguetón y la salsa, de noches largas y decisiones conscientes. Su frase “blanquita y purita” no es inocente: es ironía, provocación y marca personal.
En esta etapa, Alejandra asume sin filtros su participación en escenas de cine para adultos, colaborando con la productora Sexmex, como parte de una exploración artística y personal que rompe con la narrativa tradicional impuesta a las figuras femeninas del medio. No desde el escándalo, sino desde la elección.
Hoy, se prepara para retomar el concepto de las Bad Bad Girls (BBG), ahora en una versión más oscura, más directa y definitivamente solo para adultos. BBG deja de ser un recuerdo provocador para convertirse en una plataforma sin censura, donde el poder femenino, la sexualidad y la autonomía se presentan de frente, sin suavizar el mensaje.
Esta no es una etapa de transición. Es una advertencia.
Alejandra Rojas no busca aceptación. BBG no es para todos. Y eso es exactamente el punto











