UNA DERROTA ANUNCIADA
Por CARLOS RIVERO
Aquella noche del 11 de diciembre de 1994 en la Plaza de Toros México, Humberto Chiquita González le daba la revancha al estadounidense Michael Carbajal al que vencía por puntos en 12 asaltos en la tercera pelea entre dos ex campeones mundiales minimoscas, cuando estos boxeadores subían al ring por no menos de un millón de dólares. E en esa función un novato al que su propio entrenador le daba pocos signos de grandeza en el futuro vencía a José Luis Montes por nocaut en seis rounds.
Para ese entrenador sólo existía en su momento, la Chiquita González (a quien no inició), Daniel Zaragoza, Melchor Cob Castro y un púgil novato llamaba fuertemente su atención Jorge Monzón.
Pensaba y decía el manager que Monzón era la gran figura de su gimnasio Romanza y no daba crédito a Juan Manuel Márquez y a su hermano Rafael, hechos boxísticamente por el padre de ambos.
Después de aquella contienda en la Plaza México, periodistas con gran experiencia y sabiduría como son Alberto Reyes Arvizu y Jorge Monroy le señalaban que la figura que tenía en embrión no era Monzón sino Juan Manuel y nos decía que estábamos equivocados.
Hoy nadie se acuerda de Jorge Monzón (en realidad su nombre era otro) y todos hablan de Juan Manuel, triple campeón en peso pluma, superpluma y ligero.
Pero tal parece que Ignacio Beristáin hoy no sólo ya creyó en los atributos de Juan Manuel sino que hasta lo ve más allá de sus reales posibilidades boxísticas.
Enfrentar a un boxeador de la calidad de Floyd Mayweather cuando de antemano se conoce que no se tiene el alcance para pegarle, que aunque es un boxeador rápido no más que el estadounidense.
Pese a los 21 meses de inactividad de Floyd se le vio rápido de manos y de piernas, capaz de sacar los golpes en el momento que él quiere y capaz de quitarse los impactos con movimientos relampagueantes o con tan sólo aprovechar su largo alcance y tocar con los guantes los hombros de Juan Manuel para que este quedara fuera de distancia y desbalanceado.
La pelea pactada entre las 143-144 libras como máximo (unos 65 kilos y medio) tuvo a Mayweather con 146 libras (unos 66 kilos) mientras que Juan Manuel apenas alcanzó las 142 libras, es decir unos 64 kilos.
En realidad, Márquez es un peso pluma (57 kilos) llevado a superpluma y luego a ligero (61.135 kilos) llegó a un combate con un mar de diferencia en peso. Su golpeo puede hacer daño en peso ligero, pero en superliviano y en welter los rivales se ríen mientras él llora.
Si bien Floyd en la ceremonia de pesaje dio 66 kilos, 24 cuatro horas después el tipo fácilmente era un peso medio, por ahí de los 71 kilos mientras que Juan Manuel ya no pudo subir más y aún lográndolo su pegada era la de un peso ligero.
Por eso hoy que dicen que Márquez se portó como un héroe, porque le resistió toda la pelea a Mayweather, no toca más que decir que son excusas de alguien que vendió la pelea como el combate del año, que funcionó como producto del mercado, tanto que la pasaron en televisión después de la media noche, cuando ya los protagonistas cenaban y el comentario de la gente fue que la pelea no mereció todo el escándalo publicitado.
Desde el principio se vio que Márquez no tenía opción. Si Floyd lo hubiera decidido la pelea acaba antes, pero tras 21 meses de inactividad lo que quería era un rival a modo para volver a estar en forma y lo logró.
Márquez aceptó los 600 mil dólares más por «pelear» contra un rival que seguramente ganó 10 veces más que esa cantidad y sería bueno saber si también Don Nacho Beristáin cobrará su treinta por ciento del for fit, aunque no haya recibido golpe alguno. (riverogonzalez2001@hotmail.com).














